Amanece el siglo XX en Montparnasse

Se han cumplido en este año 2014 el centenario del comienzo de la Gran Guerra y  es conocido de todos que el  principio del siglo XX se vivió en Europa con desasosiego debido a las transformaciones sociales y a los aires bélicos que ya empezaban a soplar (la carrera  por aumentar el poderío naval de unos y de otros por mantener las distancias, empieza al poco tiempo de  la subida al trono del kaiser Guillermo II); pero también hubo otros hechos que pusieron al barrio de Montparnasse, en París, en el punto focal de un  movimiento artístico y cultural irrepetible.

Es como la historia de una leyenda el despertar de Montparnasse, una leyenda creada con las audaces pinceladas de los colores primarios, con sus tristezas y sus alegrías, sus tragedias y sus momentos heroicos, antes de levantarse el telón, todo está quieto y callado, los trenes, las aceras, los comercios, los cafés, .. y de repente los artistas cruzan el río y se presentan allí, la vida irrumpe y las calles y bulevares cobrarán un ritmo agitado, el barrio entra en la historia sin tener apenas tiempo para reflexionar sobre su destino.

De Montmartre a Montparnasse, del Monte de los Mártires al Monte del Parnaso, de lo espiritual a lo profano,….. Un joven pintor diría más tarde: “En aquellos días, el sol de las artes brilló solamente en París…”

Montmartre ya no es la Meca artística que  había sido, cada vez más artistas son atraídos por el señuelo de Montparnasse. Algunos de ellos dejan La Ruche, (colonia de artistas bohemios  golpeada por la pobreza) en Rue de Dantzig, antes de emprender el  vuelo hacia horizontes más brillantes. Otros, como Picasso, han dejado Boulevard de Clichy en Montmartre para aparecer en el Boulevard Raspail en la orilla izquierda. Van Dongen vive allí con gran estilo, codeándose con la aristocracia e invitando a la alta sociedad parisina más glamourosa  a sus famosas fiestas. Fernand Léger, el escultor Zadkine y el pintor Othon Friesz están trabajando en Rue NotreDame-des-Champs. Diego Rivera, que va a convertirse más tarde en el padre del muralismo mexicano,  y Piet Mondrian,  explorando ya  la abstracción, son vecinos, primero en la Avenue du Maine y más tarde en la Rue du Départ. Y tantos y tantos otros, casi todos los artistas cuyo nombre cuenta en los anales de la pintura moderna pasan por Montparnasse. Sin embargo alguno preferiría vivir apartado del lugar.

Las personas se encuentran en las terrazas de La Rotonde o La Coupole, o se sientan alrededor de las mesas de La Closerie des Lilas, donde Guillaume Apollinaire, el campeón acérrimo del cubismo, es un asiduo; allí también Paul Fort hace lecturas de poesía; allí se habla francés, ruso, español, inglés y polaco, y cuando Foujita llega en 1913, se oía incluso japonés, y, por supuesto, todos hablaban de pintura. En este relativamente anónimo y moderno distrito de París, cada mañana se reinventaba el hombre. Los paisajes impresionistas y las discusiones  sobre la importancia de la luz fueron dejadas de lado. Allí crearon un ambiente propicio para todo tipo de experimentación pictórica pero es difícil encontrar una sola pintura que nos traiga el color local. Y hasta cuando la estación de Montparnasse aparece en una pintura de Giorgio de Chirico, aparece  tratada en sentido metafísico. El lila de las sombras y las oscilaciones del impresionismo ya no estaban de moda.

delaunay

El retrato emergió como el género dominante, y estos retratos, haciendo caso omiso del realismo, buscaban explorar y capturar el ser interior. El período entre una guerra y otra fue llamado el último vals y Montparnasse fue la pista de baile. La Gran Guerra dejó su impronta en esta generación de jóvenes pintores. Escuelas y movimientos fueron dejados de lado pues los artistas emprendieron sus misiones solitarias en estudios que nadie podía visitar. El rostro humano había sido manchado y roto en el barro de las trincheras y buscaban reconstruirlo. El interior vulnerable, enigmático, fue la búsqueda.

Sólo veinte años… A continuación, fue aplastada en el olvido, en la “noche y niebla” de la Europa Nazi. Para toda una generación joven, esta afirmación del valor de lo meramente humano constituía una tenaz búsqueda de libertad individual y creativa. En Montparnasse prevaleció una atmósfera única, y miles de visitantes acudieron a París para saborearlo. El apogeo del modernismo había comenzado, y en Montparnasse se levantaba el telón sobre una nueva era.

rousseau

 the heyday of modern art 1910-1940

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s