regalo de cumpleaños

 

El Museo Picasso de París volvió a abrir sus puertas después de un cierre de cinco años de rehabilitación. El presidente François Hollande desveló, junto a Maya Picasso, hija del artista, la placa que hizo oficial la reapertura de este espacio dedicado al «Picasso, el español, el republicano, el comunista, el orgullo de Francia», señaló Hollande.

El museo, situado en una mansión del siglo XVII en el barrio de Marais, alberga una de las mayores colecciones del mundo de la obra del artista (más de 5.000 pinturas, esculturas y grabados, así como sus archivos personales). Además, la reapertura coincide con el cumpleaños del creador, el 25 de octubre, que pasó la mayor parte de su vida adulta en Francia, hasta su muerte en 1973.

Al hilo de esta noticia, se me ha ocurrido traer aquí un cuadro de Picasso y otros tres que tienen algunos rasgos comunes: la composición inspirada en el de  Goya y la intencionalidad de la denuncia de la barbarie.

masacre en corea picasso 2

Masacre en Corea

En 1951, pocos meses después de estallar la Guerra de Corea (enfrentamiento entre Corea del Norte y Corea del Sur entre 1950 y 1953, ambas apoyadas por China y EE.UU respectivamente)  Picasso decidió pintar esta obra de estilo expresionista, renovando su compromiso pacifista y antimilitarista inaugurado con el Guernica. Nos presenta la escena dividida en dos mitades separadas por un pequeño río. A un lado, un grupo de civiles compuesto por mujeres y niños, con sus cuerpos desnudos como símbolo de inocencia. Al otro lado, un grupo de militares estadounidenses, también desnudos, pero armados y apuntando con sus rifles a la masa indefensa. Sus rostros aparecen tapados con una especie de cascos que los deshumaniza, convirtiéndolos en máquinas de guerra.

Para el tratamiento del tema Picasso se inspira en obras de temática similar que ya eran iconos de la Historia del Arte. Fundamentalmente la obra de los Fusilamientos del 3 de mayo pintados por Goya, que ya fueron reinterpretados por Manet en la obra de la Ejecución del emperador de Maximiliano y por Antonio Gisbert en el Fusilamiento de Torrijos en la playa de Málaga.  Al igual que todas las obra de temática bélica de Picasso es un alegato contra todo tipo de guerras, convirtiéndose en un icono imperecedero contra la barbarie. La escena alude a los hechos acaecidos en el pequeño pueblo de Sinchon que vivió una gran jornada de violencia  después de ser capturado por un regimiento anti comunista. Cuando el sitio fue recapturado por los comunistas, la población volvió a vivir una purga.

 fusilamiento del 3 de mayo goya

Los fusilamientos del 3 de mayo

En 1814, una vez finalizada la Guerra de la Independencia, Goya pinta este lienzo por encargo de la Regencia, aunque parce ser que fue él mismo quien sugirió los temas, seguramente para lavar un poco su imagen de ilustrado o afrancesado ante la inminente llegada de Fernando VII. El pintor nos presenta la culminación del episodio ocurrido el día anterior (la carga de los mamelucos), cuando los madrileños se sublevaron contra las tropas francesas que ocupaban Madrid, acontecimientos que sucedieron seis años antes de pintarse ambos lienzos.

El modo de componer la escena determina las características de los dos grupos protagonistas: por un lado los ejecutados, ofreciendo su cara al espectador y al grupo de los verdugos, rostros vulgares, atemorizados y desesperados, en toda una galería de retratos del miedo que el pintor nos ofrece.

De alguna forma Goya está retratando el paso del tiempo en el sentido de las agujas del reloj, a la izquierda el pasado, los cuerpos de los ya ajusticiados, en el centro el presente en el momento del fusilamiento y a  la derecha el futuro, los que están esperando su turno con resignación. Los rostros gozan de tremenda expresividad, anticipándose Goya al expresionismo que caracteriza una etapa pictórica del siglo XX. La pincelada empleada por el maestro es absolutamente suelta, independiente del dibujo, lo que facilita la creación de una atmósfera tétrica.

fusilamiento de maximiliano Manet

La ejecución del emperador Maximiliano

La muerte violenta ha sido compañera de las testas coronadas a lo largo de la Historia: muchos reyes cayeron combatiendo en batallas, aún más fueron asesinados con veneno, puñal o bomba en conspiraciones palaciegas y atentados. Algunos fueron sometidos a juicio por sus enemigos y decapitados, pero solamente uno terminó ante un pelotón de fusilamiento: Maximiliano de Habsburgo, emperador de México. ¿Qué hacía un príncipe austriaco de emperador en una república americana?

Todo empezó con un impago. En 1861 el Gobierno mexicano del presidente Juárez suspendió los pagos de la deuda externa, y las potencias acreedoras, España, Inglaterra y Francia, decidieron intervenir. En diciembre ocuparon el puerto de Veracruz tropas españolas al mando del general Prim, seguidas luego de inglesas y francesas. A los tres meses de ocupación, España e Inglaterra llegaron a un acuerdo con México y se retiraron, pero Francia decidió hacer de ese país un satélite de su Imperio. Napoleón III concibió entonces la insensata idea de convertir México en una monarquía, y colocar al frente de ella al archiduque Maximiliano de Austria, un auténtico personaje de ópera trágica. El objetivo era conservar un Estado títere sometido al neocolonialismo francés tras el período revolucionario. Esta política no fue vista con buenos ojos por el pueblo francés, ya que sus gobernantes se vieron obligados a subir los impuestos para financiar la empresa. En cuanto las tropas francesas que habían apoyado al nuevo emperador se retiraron del territorio mexicano, los nacionalistas del liberal Juárez capturaron y fusilaron al intruso, junto a sus generales Miramón y Mejía, el 19 de junio de 1867, en Querétaro.

El suceso motivó la airada crítica de los liberales y los republicanos franceses, entre los que se contaba el pintor Edouard Manet, cuyo interés por mostrar episodios de la vida moderna le lleva a realizar esta magnífica obra.  Manet interpreta este episodio desde el punto de vista del crítico feroz al sistema imperialista del régimen francés. Así, Maximiliano aparece como el chivo expiatorio de los pecados de Francia, fusilado por un escuadrón de soldados que no visten el uniforme mexicano sino el francés, ataviados con el kepis para culpar a Napoleón III del suceso. Quien sí lleva sombrero mejicano es Maximiliano, como si fuera un halo de heroicidad. Esta provocación al gobierno fue contestada mediante la prohibición a Manet de exhibir públicamente el lienzo, veto que se mantuvo hasta 1879.

Manet lleva a cabo aquí una revisión de sus postulados pictóricos: sus referencias a los maestros del pasado, sobre todo en el tratamiento de las telas y el espacio, mientras que los colores y el humo de los fusiles remiten a las teorías cromáticas de sus compañeros impresionistas. Además, empleó fotografías del hecho en aras de la objetividad y  recurre al abocetado en las figuras del fondo y de Maximiliano y sus generales, para provocar la sensación de lejanía y obtener el efecto del humo de la pólvora, en lo que sigue a Velázquez,  mientras, en el primer plano nos muestra su esmerado dibujo y sobre todo hay que destacar el homenaje que tributa a Goya por el  cuadro los Fusilamientos del 3 de mayo, aunque está muy lejos de conseguir el dramatismo y la pasión del modelo.

fusilamiento de torrijos gisbert

El fusilamiento del General  Torrijos en la playa de Málaga

Cuando Antonio Gisbert pintó este cuadro realizó un alegato en defensa de la libertad, gritando contra el autoritarismo. No debemos olvidar que Gisbert estaba vinculado al partido progresista por lo que este gran lienzo se convertiría en icono de su tiempo.  Obra maestra de la pintura de historia del siglo XIX español, fue encargada en 1886 directamente por el Gobierno liberal de Práxedes Mateo Sagasta  como ejemplo de la defensa de las libertades para las futuras generaciones. El militar José María Torrijos llegó a ser capitán general de Valencia, mariscal de campo y ministro de la Guerra durante el Trienio Liberal (1820-1823). Tras la vuelta al absolutismo, se sublevó y fue víctima de una emboscada preparada por el gobernador Vicente González Moreno, quien le había asegurado el triunfo de la rebelión.

En esta obra, Gisbert recurre al purismo academicista, empleando un firme y seguro dibujo así como una simple pero no por menos estudiada composición. Los prisioneros que van a ser ejecutados se alinean en pie y maniatados, de frente al espectador, esperando el próximo momento de la muerte. El conjunto se conforma por los frailes que tapan los ojos a aquéllos que lo solicitan, uno de ellos lee en voz alta textos sagrados, mientras que en primer plano se hallan los cadáveres de los primeros ajusticiados, recurso de inevitable recuerdo goyesco y aunque elude el acto implícito del fusilamiento, el fondo está ocupado por los soldados que esperan las órdenes para continuar con la ejecución.

La escena como en las anteriores obras comentadas está organizada de derecha a izquierda que puede interpretarse como el sentido contrario (desde la perspectiva occidental)  y alude al rechazo  de las ejecuciones.

 

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