islam, reislamización, islamismo

Los asesinatos bestiales cometidos por miembros del mal llamado Estado Islámico se están sucediendo con una frecuencia calculada para mantener, a través de los medios de comunicación,  la atención mundial  en un estado de tensión que favorece a los fines ultraradicales de esa horda criminal.  El  objetivo último de las ejecuciones es confundir por medio del terror a la población desinformada y hacerla creer que detentan  un poder muy superior al que en realidad tienen, arrogándose el derecho  de representación de una religión, el islam, a la que utilizan como coartada para sus crímenes y atropellos.

“La legalidad de todos los emiratos, grupos, estados y organizaciones queda anulada por la expansión de la autoridad del Califato y la llegada de sus tropas a esas zonas. Escucha a tu califa y obedécele. Apoya a tu estado, que crece cada día”.

Así anunciaba un portavoz del Estado Islámico la reconfiguración de las fronteras establecidas en los acuerdos de Sykes-Picot, en 1916, durante la Gran Guerra, junto al establecimiento del Califato y el nombramiento de Abu Bakr al-Baghdadi como el califa de los musulmanes de todo el mundo (con excepción de los musulmanes chiíes). Un Califato es un estado islámico cuya máxima autoridad política y religiosa es el califa, considerado sucesor del profeta Mahoma y gran líder de los musulmanes. Esta forma de gobierno estuvo vigente en el Islam desde el siglo VII hasta la caída del Imperio Otomano, llegando a ocupar territorios durante la Edad Media, que iban desde el actual Pakistán hasta la Península Ibérica (Al Andalus). Los yihadistas añoran esta época y su aspiración es reconquistar su imperio. (Qué diferencia con aquellos tiempos en que los califatos eran las sociedades más avanzadas de la época y se caracterizaron por sus avances en medicina, matemáticas, astronomía, literatura, arte, arquitectura, artesanía o filosofía, entre otras disciplinas).

a camello en el sahara

No tenemos un conocimiento suficiente sobre el islam y todo lo que de él se deriva, esa es la debilidad de la sociedad occidental, que mete todo en el mismo saco y no sabe distinguir al sultán del califa, porque  los estudios para profundizar en el conocimiento de estos temas no están lo suficientemente difundidos ni valorados. La primera vez que me explicaron la separación entre las dos ramas principales del islam, sunníes y chiíes, fue en la exposición de un trabajo en la Escuela de EM, confieso que antes no había oído hablar de ello.  Traigo aquí a colación un libro muy interesante que merecería ser consultado con reposo en cuantas ocasiones surjan estos temas en la actualidad informativa porque nos acerca a un mundo desconocido para la mayoría de nosotros y a la vez muy cercano física y espiritualmente. Se trata del diccionario de islam e islamismo de la profesora Luz Gómez García editado por Espasa. 

diccionario islam     De él recojo esta primera aproximación

El islam  para  el musulmán es el estado primigenio de la condición humana, del cual le apartó el devenir histórico, es una realidad eterna e inmutable que Dios ha transmitido a la humanidad a través de sus profetas. Desde un punto de vista etimológico, islam es ponerse a salvo, a resguardo, y también llegar a estar en paz. Doctrinalmente, esto se consigue siguiendo el camino (charía) que Dios restituye a la humanidad mediante la revelación del Corán a Mahoma, formalizada a través de aleyas o signos.

Así pues, el islam es ante todo una vía, una ética de vida en comunidad protagonizada por la conciencia; la pertenencia a esta comunidad, llamada umma, no viene dada por el nacimiento sino que se fundamenta en la acción volitiva por la que el individuo se integra en ella; la umma aglutina a todos los musulmanes es decir, a todos los que se ponen a salvo, con independencia de su origen étnico, cultural o social.

Esta religión es un contrato individual y voluntario, por el que el hombre acepta ser garante del legado de Dios y que una vez aceptado no es recusable pero en el que no cabe coerción. La fe es guía, no objetivo, del creyente, que ha de cumplir convencido una serie de acciones que demuestren su acatamiento de la senda de Dios o charía. Creencia y actuación son por ello inseparables, de modo que el islam perrnea la vida diaria, e incluso los actos más mundanos han de ser espejo de una norma sagrada. De ahí que el modo de ser islámico sea tan perceptible, y que los musulmanes compartan un conjunto de hábitos distintivos por encima de diferencias culturales, sociales o geográficas. Redunda todo ello en un fortalecimiento de los lazos de pertenencia y del sentimiento de hermandad que caracterizan al islam.

El pensador francoargelino Mohammed Arkoun ha sintetizado esta continua interacción entre espiritualidad y actuación pública como una tensión entre tres ámbitos siempre presentes en la doctrina islámica: din, dunya y daula (espiritualidad, mundanidad y política).

En cuanto a espiritualidad (din), las obligaciones de culto del musulmán son cinco, los llamados pilares del islam: chahada, salat, azaque, ayuno en Ramadán y hach. La cosmovisión islámica se basa en la noción del Dios único y omnipotente, esta simplicidad del Dios único islámico ha sido uno de los mayores atractivos del islam en su expansión, pues, la diversidad como acto volitivo de Dios, no menoscaba la unidad del mundo.

La dunya, la mundanidad islámica, se expresa en el modo en que, al tiempo que e! islam ha ido conquistando culturas, ha ido asimilando elementos de ellas y ha logrado pervivir mediante la creación de formas sociales y culturales híbridas que a pesar de ser incuestionablemente islámicas, son a su vez árabes, persas, indias, turcas, chinas, malayas, subsaharianas. En los últimos catorce siglos, e! islam no ha dejado de traspasar barreras geográficas y de civilización, y así, a comienzos del siglo XXI, es ya de uso común la expresión euroislam referida al nuevo islam fruto de la emigración y de! asentamiento de musulmanes de todo e! mundo en Europa. La vestimenta, los hábitos alimentarios o las producciones artísticas (iconografía) son buenos ejemplos de la unidad y la diversidad de la civilización islámica, de su dunya.

Por lo que se refiere a lo político (daula), la actuación de Mahoma sentó una voluntad de gobierno de la polis desde casi el comienzo de su predicación: la Hégira, la emigración de La Meca  a Medina que da inicio a la era islámica es ante todo un acto de rebeldía contra el orden instituido y el principio de una nueva forma de organización de la joven comunidad de musulmanes. A partir del pequeño núcleo de Medina, el islam se expandió en poco más de treinta años al otro lado del Nilo en dirección Oeste y sobrepasó el Oxus por el Este, y obligó a los dirigentes musulmanes a una organización jurídica de tan vasto territorio que acabó siendo confundida con la predicación misma. Tan incardinado estaba el hecho político en los orígenes del islam que la división islámica más notoria, la que establecen los propios musulmanes entre sunníes y chiíes, se debió a una cuestión política de primera magnitud: la asunción de la dirección de la comunidad, o lo que es lo mismo, quién tenía potestad para liderar espiritual y terrenalmente a la floreciente comunidad de musulmanes.

Si tomamos estos tres conceptos (din, dunya, daula) y acentuamos cada uno de ellos, tendremos otras tantas formas de aproximación al islam: una más espiritualista, e! sufismo, otra de especial incidencia sociocomunitaria, la reislamización, y una tercera volcada en la configuración ideológica, el islamismo.

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