Habitación en Nueva York

west_side_storyComo a tantas personas les ocurre a mí también me atrae mucho conocer Nueva York, quizás desde la adolescencia, cuando apareció en nuestras vidas la famosa película West Side Story, muchos de mi generación nos quedamos prendados de  esa ciudad y mis sueños han  pasado frecuentemente por el puente de Brooklyn…; por unas razones o por otras no he tenido oportunidad de viajar hasta allí y hace pocas semanas en una conversación con los amigos del padel después de un partido, surgió de nuevo la idea cuando alguien me propuso organizar un viaje especial al NY profundo para un grupo de amigos bien avenidos. Bueno el caso es que reunir a mis “bien avenidos” en una fecha fija requiere más tiempo del que pensaba en un principio y  por eso lo vamos a posponer. Pero lo que no puedo posponer es pensar en ese lugar que tantas veces he imaginado y visitado virtualmente pero que estoy seguro de que algún día me sorprenderá, espero que para bien.

Traigo aquí, mientras llega la fecha del viaje, un cuadro, Habitación en New York (1932), de Edward Hopper, figura clave de la pintura realista del siglo XX, célebre sobre todo por sus retratos de la sobrecogedora soledad en la vida diaria estadounidense contemporánea. Su pintura se caracteriza por un peculiar y rebuscado juego entre las luces y las sombras, por la descripción cinematográfica de los interiores a través de unas ventanas que aprende de su admirado  Degás, y por el tema central de la soledad ya apuntado, todo ello es fruto de la síntesis de su visión figurativa unida al sentimiento poético que percibe en sus objetos. Hopper supo capturar la desolación inherente a la gran ciudad y convirtió a Nueva York en su escenario urbano predilecto, de ahí la gran atracción que ejerce sobre mí. No se trata de la ciudad alegre y bulliciosa sino de la ciudad vacía y sin tráfico, hecha de retazos de vida solitaria captados a través de una ventana: edificios victorianos, rutinarios matrimonios de clase media, acomodadoras de cine, oficinistas y secretarias, drugstores en la noche con sus clientes rezagados, gasolineras y mujeres maduras en habitaciones de hotel. Una ciudad dominada por la indolencia, poblada por habitantes inmóviles y en silencio, por seres extraños entre sí que conviven sin mirarse, y donde la reserva, el deseo y la violencia ejercen un poder de intensa sugestión, propiciada no tanto por la expresión del rostro, siempre borrosa, como por la posición y los gestos del cuerpo.

Edward-Hooper habitación en N Y

La pintura congela un momento en el que la pareja lee ignorando la presencia del otro. Un silencio muy cinematográfico. La vida interior de un ser humano es un reino vasto y diverso, solía decir el taciturno pintor a su esposa. La escena aparece casi siempre desierta; en sus cuadros casi nunca encontramos más de una figura humana, y cuando hay más de uno, como en este, lo que destaca es la alienación de los temas y la imposibilidad de comunicación resultante, que agudiza la soledad. Como Degas, Hopper inventa un modo insólito de mirar pues preserva siempre una distancia y enmarca la escena como podría observarla un extraño. Para ello introduce un motivo recto y horizontal, que resalta la separación entre el exterior y el interior, y crea una atmósfera de indiscreción que convierte al espectador en un espía.  En Habitación de Nueva York dirige a la estancia contemplada desde fuera esa mirada accidental mediante un corte arbitrario de la escena, sobreeIevado y levemente girado, que rompe con la frontalidad del código clásico y acentúa el carácter  fortuito del punto de vista. Nadie comprende a nadie, parece ser la conclusión de éste y otros lienzos. Hopper examina la vida en lo que tiene de experiencia del aislamiento, de silencio anímico, como el de esa joven esposa que está a punto de posar un dedo sobre el teclado del piano, sólo un dedo, desganadamente, para escuchar la vibración de una nota, bella metáfora de todo lo que le falta a su vida, y, si Hopper prefiere observar la intimidad femenina es porque la supone menos convencida que al hombre de las ventajas de la sociedad que ve erigirse; menos dispuesta a preferir los resultados de la Bolsa o de las carreras de caballos que el duelo de una nota musical en medio del otoño neoyorquino.

Tras asomarnos a las ventanas de Hopper llegamos a una conclusión importante: cuando se presenta el verano las ciudades son solo reflejo de la soledad de quienes por ella transitan. Es entonces cuando una aséptica habitación de hotel o una solitaria barra de bar pueden convertirse en escenarios perfectos para empezar una nueva vida. O todo lo contrario…. El verano actúa como el mejor de los narcóticos urbanos, ahora que la ciudad se vacía de gentes y de sentimientos extremos. Amanece y antes de que el sol caldee  otra vez la vida, dejémonos llevar por un minuto al menos, por las más hermosas ensoñaciones que solo en este preciso instante nos atreveríamos a expresar en voz alta. Afuera hasta los sonidos habituales se silencian para que podamos escuchar nuestros pensamientos con total claridad, y todo, dentro de nosotros y fuera de esta estancia, parece estar en perfecta armonía. Un instante después cuando los rayos del sol completen la invasión y el calor nos venza, con la belleza se esfumarán las miradas cómplices, se congelarán las risas contagiosas y cesarán las caricias complacientes.

edward-hooper-habitacion-de-hotel-1934En ese preciso momento, yo abandonaré el lugar o el lugar me abandonará a mi justo un minuto antes de que entre  el mismísimo Edward Hooper a través de su ventana, para organizar la composición, y es porque en esta Habitación De Hotel (1934), que se encuentra en el Museo Thyssen Bornemisza de Madrid, pretende el artista ordenar tranquilamente la escena descartando formas geométricas complejas y también aquellas que por su pequeño tamaño alterarían el sentido del mensaje, y seleccionar concienzudamente los elementos que formarán parte de la misma. Sin prisas, esperará al momento exacto en el que el sol defina luces y sombras en una composición caracterizada por unas líneas poderosas (horizontales, verticales y diagonales) así como por una selecta paleta de colores planos. Absorta en la contemplación de su libro, la muchacha podrá dejar fácilmente al descubierto su melancólica vulnerabilidad y su extrema soledad a los ojos del pintor, que no alcanza a vislumbrar que a la incomprensión, la incomunicación y la soledad, le siguen la amistad y el amor en los peldaños de la escala del alma, y no repara en las primeras frases de la página que ella está leyendo con anhelo, por supuesto que en inglés……

A close friend is someone you can trust.

A close friend is someone who will help you in a crisis.

A close friend is forever.

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7 comentarios en “Habitación en Nueva York

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