Donnez-moi, mon Dieu, ce qui vous reste

Este mes de septiembre que está llamando a la puerta es el mes de los arcángeles, y de otras muchas cosas claro está, pero me voy a referir hoy a ellos, y aunque los que más comúnmente se consideran arcángeles son Gabriel,  Rafael y  Miguel, hay otros, en la tradición hebrea sobre todo,  que también se les puede considerar en esta categoría celestial aunque no son pacíficos los argumentos a favor y en contra de tal apreciación, me estoy refiriendo a Uriel, Raguel, Sariel, Remiel, Barachiel, Saeltiel o  Jehudiel, y todos ellos  tienen asignados diversos cometidos, según las escrituras, dentro de la tarea general de establecer relaciones del Creador con sus creaturas.

3arcangelitobia botticini Uffizi

Las características de los tres principales, tienen que ver con la anunciación (Gabriel),  la enseñanza (Rafael)  y la lucha con el demonio (Miguel), a tenor de los atributos con los que se les representa  en la pintura religiosa antigua, sirva como ejemplo este  cuadro de Botticini que está en el museo de los Uffizi de Florencia  3 arcangeli con Tobia

san miguel arcangel-Barcelona_-_Basilica_de_la_Merced_El arcángel San Miguel es el jefe del ejercito celestial que bajó del cielo para derrotar a Satanás, como representa esta imagen de la Basílica de la Merced en Barcelona. Para los paracaidistas- les pido disculpas pero no lo puedo evitar – el arcángel San Miguel es su patrono desde la II Guerra Mundial, que fue más o menos cuando aparecieron estas tropas,  y es que el arcángel guerrero fue el primer combatiente que bajo del cielo para vencer a sus enemigos; esta referencia la hago para introducir aquí la oración de las tropas paracaidistas francesas que no tiene desperdicio – como saben ustedes Francia es un estado laico del que se puede aprender muchas cosas sobre el respeto a la religión y a las creencias de sus ciudadanos- y sin más la transcribo a continuación, me van a permitir que no la traduzca pues perdería buena parte de su ritmo y de su fuerza.

Je m’adresse à vous , mon Dieu,

Car vous donnez ce qu’on ne peut obtenir que de soi.

Donnez-moi, mon Dieu, ce qui vous reste,

Donnez-moi qu’on ne vous demande jamais.

Je ne vous demande pas le repos,

Ni le succès, ni même la santé.

Tout ça, mon Dieu, on vous le demande tellement,

Que vous ne devez plus en avoir!

Donnez-moi, mon Dieu, ce qui vous reste,

Donnez-moi ce que l’on vous refuse.

Je veux l’insécurité et l’inquiétude.

Je veux la tourmente et la bagarre.

Et que vous me les donniez, mon Dieu,

Définitivement.

Que je sois sûr de les avoir toujours

Car je n’aurai pas toujours le courage

De vous les demander.

Donnez-moi ce dont les autres ne veulent pas.

Mais donnez-moi aussi le courage,

Et la force et la foi.

Car vous êtes seul à donner

Ce qu’on ne peut obtenir que de soi.

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