El velo de Isis

Un amigo lector me porfía que siempre estoy a vueltas con las mujeres en las entradas de este blog, yo creo que es una exageración, pero como no quiero discutir pues no me apetece perder un lector -la amistad no se pierde- le voy a hacer caso y les traigo para ello un par de libros que me han parecido interesantes.   El primero de ellos se publicó hace 10 años por un periodista francés, Éric Zemmour, que trabaja en Le Figaro, y causó un gran revuelo en su momento. El título era: Le Premier Sexe, en clara referencia al libro de Simone de Beauvoir, Le Deuxième Sexe, escrito en 1949 que es el catecismo del feminismo igualitario y el punto de inflexión en el que las corrientes más activas del movimiento abrazaron la izquierda como faro del progreso, como sabrán sin duda todas esas lectoras a las que mi amigo dice que hago el caldo gordo.

perdon soy hombreEn España se publica en el 2007 por la editorial ALTERA, y tanto por su largo título: Perdón soy hombre y no lo puedo evitar, como por su portada, más bien parecía uno de esos opúsculos que en tono gracioso trivializaban con algunas anécdotas las pretendidas rencillas de pareja a lo largo del centenar de páginas que tiene. Nada más lejos de la realidad.

¿A qué se parece el hombre ideal?, se pregunta Éric Zemmour en este libro que, resumido a grandes rasgos, es una reflexión sobre la feminización de la sociedad occidental. El hombre ideal se depila, compra productos de belleza, lleva joyas, sueña con el amor eterno, cree a pie juntillas en los valores femeninos, prefiere el compromiso a la autoridad y, más que de la lucha, es partidario del diálogo y la tolerancia. El hombre ideal es una verdadera mujer. Hombres que acuden a las clínicas de belleza y asisten a los partos, mujeres que piden el divorcio y tienen aventuras, gays presentados como modelos de dulzura y amabilidad. La sociedad ha cambiado. Los sexos están revueltos no sólo en la cama, sino en la moda y en la empresa. ¿Ha triunfado el feminismo? Ése es, según nos explica Zemmour, el resultado de un proceso contradictorio de aceptación a medias y rechazo también a medias del feminismo por la mayoría de las mujeres. Habiendo descartado, tras varios decenios de tanteo, la poco seductora perspectiva de comportarse como hombres, la mayoría de las mujeres han sacado de esa paradoja una conclusión radical, pero, sin embargo, lógica: ya que ellas no han logrado transformarse en hombres, es preciso transformar a los hombres en mujeres.

El libro está lleno de contradicciones, pero tiene un enorme mérito: el de plantear buenas preguntas. ¿Las diferencias de comportamiento entre hombres y mujeres son debidas a las hormonas y a los genes, o son solamente un producto de la cultura? ¿Es o no es la testosterona, hormona del deseo, de la sexualidad y de la agresividad, la que desarrolla en el hombre la fuerza muscular, la velocidad de reacción, el instinto de dominación, la resistencia y la tenacidad, la visión desde lejos, la orientación en el espacio, el gusto para la aventura y la atracción para la mujer que engendra y debe ser protegida? ¿Son o no son los estrógenos que desarrollan en la mujer la destreza, la memoria verbal, la visión desde cerca, el oído y el olfato, la atracción para el hombre poderoso, fuerte, experimentado, socialmente reconocido? He aquí temas complejos con indudables imbricaciones político­sociales.

Sobra decir que no comparto todos sus criterios, pero creo que hay que entresacar aquellas cosas que puedan clarificar el camino del cambio radical que está transformando nuestra sociedad actual. El 68 ha matado al macho, la tesis del escritor galo es sencilla: El llamado “segundo sexo” ha venido a ser el primero e incluso el único. El feminismo ha descalificado al “macho” es un nuevo avance de los valores femeninos. La sociedad europea y occidental se afemina a paso acelerado. El homosexual o el “gay” viene a ser el nuevo modelo cuyas imágenes positivas, proyectadas sin tregua en los medios de comunicación, acaban moldeando los espíritus. El hombre moderno se depila, se perfuma, se adorna con afectación, lleva joyas y perendengues y todo esto es muy bueno para el consumo. Hombres o mujeres, todos iguales, somos así excelentes consumidores, celosos partícipes del mercado capitalista. El “macho” tradicional, no el mítico y virtual facha, grosero, agresivo, violento, dominador y violador, sino el hombre que respeta a su madre, protege a su mujer y se siente responsable de sus hijos, está en vías de desaparición. Está muriendo el hombre tradicional dinámico, combativo, aficionado al riesgo, a la acción y a la aventura. En adelante, el hombre moderno deberá cooperar, comunicar y conservar en vez de competir, obrar y transgredir. Elegirá la efímera pareja antes que la familia duradera, el indispensable hogar de los niños. Una lectura superficial del libro de Zemmour conlleva el riesgo de interpretarlo todo mal.

 hombres desnudos

 

El segundo comentario es para la novela: Hombres desnudos, premio Planeta 2015, de Alicia Giménez Bartlett que nos ofrece una historia que no deja indiferente al lector. Nadie puede imaginar hasta qué punto los tiempos convulsos son capaces de convertirnos en quiénes ni siquiera imaginamos qué podríamos llegar a ser. Hombres desnudos es una novela sobre el presente que estamos viviendo, donde hombres treintañeros pierden su trabajo y pueden acabar haciendo estriptis en un club, y donde cada vez más mujeres priman su carrera profesional sobre cualquier compromiso sentimental o familiar. En esta historia, esos hombres y esas mujeres entran en contacto y en colisión, y lo harán con unas consecuencias imprevisibles. Con un lenguaje literario muy moderno, en el que el dialogo de los actores alterna con sus pensamientos constantemente, la escritora mezcla con descaro el sexo, la amistad, la inocencia y la maldad en una combinación tan armónica como desasosegante, en el marco de una ciudad como Madrid, haciendo una radiografía de un sector de la sociedad en que la gente guapa y la canalla alternan con naturalidad.

Una vez cerrado el controvertido libro de Zemmour y después de terminar la última página de los Hombres desnudos -el que la quiera leer-, no se puede evitar seguir interrogándose sobre la profunda crisis demográfica de Europa, la afeminación y pérdida de energía de sus pueblos, su sustitución por minorías étnicas inmigradas, indudablemente más viriles, y de soñar en el hipotético despertar de nuevos modelos masculinos. Pero lo más trágico de la historia es que la mujer moderna acaba casi siempre siendo su propia víctima. Se afana en domesticar y afeminar a su pareja conforme a los nuevos cánones de la sociedad actual. Pero cuando lo consigue y se despierta, rechaza, desprecia, pisotea a su hombre tachándolo de pelele o maricón sin el menor problema. Por fin sola puede soñar de nuevo en encontrar un hombre de verdad.

Cuando te acercas demasiado a Isis y miras debajo del velo te encuentras con el espejo que te devuelve tu imagen…

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Un comentario en “El velo de Isis

  1. ! Sii se pone celosa, qué se ponga! Magnifique. No leas tanto que me llevas de culo y espera a septiembre que tengo que leerte en el móvil

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