El Nobel está en el viento

1q84La noticia del día es la concesión del premio nobel de literatura a Bob Dylan “por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción”. Y se le ha concedido a pesar de que los rivales eran de una gran categoría como el japonés Haruki Murakami el de 1Q84, la novela orwelliana de la que ya les comenté algo en otra entrada, creo que lo hice, si no, lo dejo pendiente para otra ocasión que venga al caso.

Robert Allen Zimmerman de origen hebreo es un músico, cantante y poeta estadounidense, de 75 años, considerado ampliamente como una de las figuras más prolíficas e influyentes de su generación en la música popular del siglo XX y de comienzos del siglo XXI. Gran parte de su trabajo más célebre data de la década de 1960, en la que se dio a conocer como cantautor folk y cabeza de lanza de la protesta por la guerra de Vietnam.  Al margen de las polémicas que ha suscitado no podemos quedarnos al margen de los nuevos tiempos que corren y de la importancia de la cultura popular en la sociedad actual, la cultura ha salido de las élites y ha bajado al pueblo dicen algunos, acaso no sea eso la literatura dicen los otros, pero la realidad es que los textos de Dylan son tan importantes para la cultura norteamericana como los de Kerouac, Burroughs o los de Walt Whitman, y querer negarlo es empeñarse en mantener una venda en los ojos. Su belleza sensorial, su cripticismo, su ritmo y su destreza con el lenguaje están al alcance de muy pocos y él supo explotarlo como nadie. ¿Acaso se puede negar que “Masters of war”, “Blowing in the wind” o “Desolation row” son pura poesía?  Textos, los de estas y otros cientos de canciones, que pueden leerse separados de la música.

hojas-de-hierba-w-wWalt Whitman (1819-1892), el poeta de Nueva York, está entre los más influyentes escritores del canon estadounidense (del que ha sido considerado su centro) y ha sido llamado el padre del verso libre. Su trabajo fue muy controvertido en su tiempo, en particular por su libro Hojas de hierba, descrito como obsceno por su abierta sexualidad.

Considerado como el padre de la moderna poesía estadounidense, su influencia ha sido amplia también fuera de ese país. Entre los escritores que se han visto marcados por su obra figuran Rubén Darío, Wallace Stevens, León Felipe, D.H. Lawrence, T.S. Eliot, Fernando Pessoa, Federico García Lorca, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Ernesto Cardenal, Allen Ginsberg o John Ashbery, entre otros, y por supuesto que Dylan también ha sentido su influencia.

 “Walt Whitman, americano, uno de los duros, un cosmos, desordenado, carnal y sensual, no sentimental, no por encima de hombres o mujeres o aparte de ellos, no más modesto que inmodesto”  Leaves of Grass 

r-d-azul_cantos_de_vidayesperanzaY a través de W. Whitman enlazamos a Dylan con Rubén Darío, pues si aquél se inscribe en la transición entre el trascendentalismo y el realismo filosófico incorporando ambos movimientos a su obra, éste es el iniciador y máximo representante del Modernismo hispanoamericano que estaba llamado a revolucionar rítmicamente el verso castellano, pero también a poblar el mundo literario de nuevas fantasías, de ilusorios cisnes, de inevitables celajes, de canguros y tigres de bengala conviviendo en el mismo paisaje imposible. Trajo a un idioma que estaba en tiempos de decadencia el influjo revitalizador americano y los modelos parnasianos y simbolistas franceses, abriéndolo a un léxico rico y extraño, a una nueva flexibilidad y musicalidad en el verso y la prosa, e introdujo temas y motivos universales, exóticos y autóctonos, que excitaban la imaginación y la facultad de analogías. Para Rubén, el poeta tiene la misión de hacer accesible al resto de los hombres el lado inefable de la realidad y para ello cuenta con la metáfora y el símbolo como herramientas principales, con el rechazo de la estética realista y su escapismo a escenarios fantásticos, alejados espacial y temporalmente de su realidad, y es eso la gran paradoja que le acerca y le separa de los norteamericanos, porque además de la influencia de los simbolistas franceses, Ruben Darío era un gran admirador de Emerson, Poe y Whitman.

 Mía – Poemas de Rubén Darío

Mía: así te llamas.
¿Qué más harmonía?
Mía: luz del día;
mía: rosas, llamas.

¡Qué aroma derramas
en el alma mía
si sé que me amas!
¡Oh Mía! ¡Oh Mía!

Tu sexo fundiste
con mi sexo fuerte,
fundiendo dos bronces.

Yo triste, tú triste…
¿No has de ser entonces
mía hasta la muerte?

Walt Whitman – Poemas de Rubén Darío

En su país de hierro vive el gran viejo,
bello como un patriarca, sereno y santo.
Tiene en la arruga olímpica de su entrecejo
algo que impera y vence con noble encanto.

Su alma del infinito parece espejo;
son sus cansados hombros dignos del manto;
y con arpa labrada de un roble añejo
como un profeta nuevo canta su canto.

Sacerdote, que alienta soplo divino,
anuncia en el futuro, tiempo mejor.
Dice el águila: «¡Vuela!», «¡Boga!», al marino,

y «¡Trabaja!», al robusto trabajador.
¡Así va ese poeta por su camino
con su soberbio rostro de emperador!

la-vispera-de-casi-todoNo podía cerrar sin recomendar una novela, y en esta ocasión nada más a propósito para alguna de mis lectoras que sigue buscando la respuesta en el viento, se trata de “La víspera de casi todo” Premio Nadal 2016, escrita por Víctor del Árbol, que nos plantea muchas preguntas en una trama suave y terrible a la vez, el cruce de dos historias en el tiempo se convierte en un mar con dos barcos en rumbo de colisión que irán avanzando sin escapatoria posible. Los personajes tienen mucho pasado encima. Se mueven en atmósferas que alguien podría llamar líricas. El paso de la narración es pausado, incluso en los momentos de violencia hay tiempo para prestar oído al ambiente, y lo brutal y lo sentimental se concilian en el espanto. Una niña desaparece y una familia arde viva en su casa, pero las atrocidades se rodean de cosas bellas: poemas de Juan Gelman, imágenes de Gauguin y Vermeer, evocaciones de Proust y Cortázar, un Mercedes descapotable de 1963, un piano Bösendorfer. La dueña del hostal hitchcockiano al que llega la protagonista quema en la chimenea un novelón de Thomas Mann mientras suena Hurt, la canción de Nine Inch Nails que cantó Johnny Cash (“Me hago daño a mí mismo para ver si todavía siento. Me concentro en el dolor, lo único real”). El autor administra muy bien la curiosidad y la sentimentalidad de su público.

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