Cabaret Voltaire

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Hace cien años, un movimiento artístico multidisciplinar revolucionario nació en el centro de Europa estallando sus costuras artísticas y literarias para devenir al cabo en el surrealismo; este movimiento que aún sigue vivo lo conocemos como Dadá y en esencia lo que  expresaba era la negación del arte, la cultura o la política en sus formas tradicionales, asentando las bases conceptuales de su antiarte en la provocación, la ironía, y el azar con la intención de dinamitar los cimientos de la civilización burguesa europea. Dadá es centenario y aún no llegamos a comprender bien su alcance ni su significado. Su cuna fue un cabaret de excesos poéticos, plásticos, escultóricos, musicales y teatrales, con el nombre de Cabaret Voltaire, en Zúrich durante la Primera Guerra Mundial, donde recalaban artistas que huían de diferentes partes de Europa para protestar contra la carnicería que se estaba desarrollando en los campos de batalla. Se requerían hombres nuevos, según Tristan Tzara, su mentor, que expandieran de forma permanente desde la ciudad suiza, lo que el artista llamó aquel “microbio virgen” del temperamento revolucionario, asesinos estéticos que pasaran a cuchillo las gargantas de lo que consideraban arte antiguo. La denominación de Dadá no es pacífica, un compendio de definiciones excesivas e iconoclastas podrían alumbrarnos un poco más a fecha de hoy, pero solo a modo de trampantojo. Hugo Ball, el dueño del local, lanzó el término en la revista Cabaret Voltaire, con el mismo nombre del antro en que todo comenzó, hacia mayo de 1916, y no pudo calibrar el impacto que aquel tifón engendraría. Pero la duda sobre la paternidad de la marca también apunta a Tristán Tzara, que dijo descubrir el término Dadá en el diccionario Larousse. Luego vendrían más explicaciones: caballo de madera, un doble sí en ruso y otras lenguas…

Contra la catástrofe de la Gran Guerra, fin de una época que descompuso la Europa colonial, era necesario alzarse. Así lo escribe Tzara en su manifiesto Dadá leído en Zúrich el 23 de julio de 1918. Aquel soplo desinhibido se forjó sobre un ruido simultáneo que aunaría nombres y focos de todas las vanguardias rupturistas montando escándalos. Así se unieron Francis Picabia, Man Ray, Picasso, Marcel Janco, Kandinsky, Marinetti, Duchamp, Huelsenbeck… o André Breton, que aniquiló el movimiento con su ego megalómano hacia 1922, en pos del surrealismo. Se apuntaron sin dudarlo representantes del cubismo, el expresionismo, el futurismo… entonando un unísono divergente que se esparció entre Berlín, París o Nueva York. Buscaban una regeneración de la mirada global, contaminada por la que para ellos había sido la peor guerra. Y abrieron nuevos horizontes antaño inadmisibles, hoy fundamentales en la digestión del arte contemporáneo, como la provocación lanzada por Marcel Duchamp con la complicidad de Alfred Stieglitz o el francés de origen cubano Francis Picabia, en Nueva York, al descifrar el poder artístico que poseían los objetos; Duchamp, enamorado por otra parte de la geometría, propuso elevar el estatus de los botelleros y los urinarios ante el público. Nada volvería a ser igual. En ese momento copulaba la modernidad con la posmodernidad dispuesta a regar el mundo de bastardías. ¿Qué era el arte? No había respuesta. O sí: sencillamente, Dadá.

cabaret-dada-salaDesde su fundación en 1916, el cabaret ha pasado por muchas vicisitudes, lugar de reunión de artistas, nacimiento Dadá, punto de encuentro de surrealistas, y con el paso del tiempo se fue deteriorando y pasando al olvido hasta que en el 2002 fue okupado por un colectivo neodadaista que dos años más tarde fue desalojado y pasó a convertirse en museo Dadá. Su legado perdura como una sombra de ruptura sin fin en la noria de exposiciones que lo reivindican hoy por todo el mundo. Entre Berlín, Nueva York y Santander, donde la primavera pasada se inauguró una muestra con fondos de la colección José María Lafuente, una exposición esencial de carteles, publicaciones e ilustraciones, el rastro Dadá, sigue vivo en su centenario y muestra un músculo poderoso y vigente.

Pero también el recuerdo de Voltaire está unido a otros lugares de reunión de artistas, políticos e intelectuales, como es el caso del famoso Café Procope de París, el primer local público donde se servía café; me parece que la humanidad no habría prosperado tal y como lo ha hecho si no llegan a construirse tales establecimientos y se administrase tazas de café psicoactivo en vez de alcohol adormecedor. El autor de La historia del mundo en seis tragos, señala en su obra que las cafeterías fueron, en su época, algo así como un Internet analógico, y también un crisol revolucionario. Ponga un café en su revolución

Desde su fundación en 1686 fue el primer café literario. Autores como Voltaire o Rousseau eran habituales contertulios, Diderot concibió entre sus paredes su EncyclopédieBenjamin Franklin, la Constitución de los Estados Unidos. El Club de los Cordeliers, que aquí se reunió, con Danton y Marat como figuras principales, constituyó también un foco revolucionario. El gorro frigio (propio de los libertos en la Antigüedad) se exhibió en el Procope por primera vez, y de aquí partió también la consigna para el ataque a las Tullerías. La mesa que usaba Voltaire aún puede admirarse junto a la escalera de subida a los comedores. Les puedo asegurar que su cocina es excelente, por supuesto que me invitaron, pero dejemos la cocina con nombre de mujer para otra próxima entrada.

Tantas vueltas con Voltaire y aún no les he recomendado ninguna lectura, François-Marie Arouet, que firmaba sus obras con el seudónimo VOLTAIRE, era un escritor francés, figura intelectual dominante de su siglo y uno de los principales pensadores de la Ilustración, dejó una obra literaria heterogénea y desigual, de la que resaltan sus relatos y libros de polémica ideológica. Como filósofo, Voltaire fue un genial divulgador, y su credo laico y anticlerical orientó a los teóricos de la Revolución Francesa. Aunque pueda resultar interesante y premonitoria su obra Mahoma o el fanatismo (1741), les traigo aquí uno de los relatos orientales que más me han gustado, se trata de Zadig o el destino del que les dejo las primeras frases de su dedicatoria, es un relato corto que se lee en un suspiro y se digiere sólo si se profundiza en él.

Dedicatoria de Zadig a la Sultana Cheraah
A 18 del mes de Cheval, año 837 de la hégira.

Embeleso de las niñas de los ojos, tormento del corazón, luz del ánimo, no beso yo el polvo de tus pies, porque o no andas a pie, o si andas, pisas o rosas o tapetes de Irán. Ofrézcote la versión de un libro de un sabio de la antigüedad, que siendo tan feliz que nada tenía que hacer, gozó la dicha mayor de divertirse con escribir la historia de Zadig, libro que dice más de lo que parece. Ruégote que le leas y le aprecies en lo que valiere; pues aunque todavía está tu vida en su primavera, aunque te embisten de rondón los pasatiempos todos, aunque eres hermosa, y tu talento da a tu hermosura mayor realce, aunque te elogian de día y de noche, motivos concomitantes que son más que suficientes para que no tengas pizca de sentido común, con todo eso tienes agudeza, discreción, y finísimo gusto, y te he oído discurrir con más tino que ciertos derviches viejos de luenga barba, y gorra piramidal………..

Zadig&Voltaire El lujo y el rock van de la mano en las colecciones que cada temporada se muestran en las tiendas de esta cadena.

Tristán Tzara y ZARA, no tienen nada que ver, ni lujo ni rock.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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2 comentarios en “Cabaret Voltaire

  1. El Dadaismo se distingue básicamente por la constante negación, incluso del propio Dadaismo. Navega hacia el surrealismo pero lo niega al momento…Es un movimiento anti artístico y anti todo ya que cuestiona el arte –no su existencia- y todo. Me desborda…
    Gran densidad y finura, como en todo lo que haces…Los que tenemos polvo en los pies del camino, ¿tenemos alguna opción?
    Me gustaría tener mayor capacidad para poder apreciar con auténtica sensibilidad algunas cosas que no entiendo. Me pondré mi barretina…

    • Cuida tus pensamientos, se convierten en palabras. Cuida tus palabras, se convierten en acciones. Cuida tus acciones, se convierten en hábitos. Cuida tus hábitos, se convierten en tu carácter. Cuida tu carácter, se convierte en tu destino

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