Del rosa al amarillo

Este fin de semana he ido a ver la exposición del museo Thyssen, Renoir en la intimidad, hace tiempo que les hablé de ella, en una entrada del mes de septiembre pasado, Mujeres vestidas,   y de otra muestra del mismo pintor que se iba a inaugurar en Barcelona, coincidentes ambas en las fechas, el caso es que por diversas circunstancias que no vienen al caso, no he ido a Barcelona como pensaba y casi me quedo sin ver la de Madrid.

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La exposición de Barcelona se articula como “Renoir entre mujeres. Del ideal moderno al ideal clásico “. Renoir siempre se consideró un retratista, sus temas iniciales incluyeron amigos cercanos, pero fue en sus retratos de mujeres donde su talento brilló con más ardor, pintando desde jóvenes trabajadoras de Montmartre a las damas de la alta sociedad parisina. Las dos mejores colecciones de Renoir, la del Museo d’Orsay y la del Orangerie bajo el mismo techo, el de la Casa Garriga i Nogués, sede de la Fundación Mapfre en Barcelona. La estrella de la muestra es el Baile en el Moulin de la Galette, un formato imponente (casi dos metros de ancho) que rara vez sale de Orsay. Obra Maestra, pionera en la representación de la vida moderna y alegre que después desarrollarán todos los grandes maestros del Montmartre canallesco.

Fue Baudelaire quien acuñó la expresión de modernidad artística en su tratado “El pintor de la vida moderna “, que entendía como “un amante de la vida: un observador nato cuyas ansias de ver y sentir son inagotables… Los ambientes más banales y superficiales, donde la apariencia, la moda y las reuniones en sociedad constituyen el eje que guía los días, son tan dignos de representación como lo fueron los acontecimientos históricos o literarios plasmados en el pasado”.  El pintor moderno se erige como cronista del presente para extraer la belleza del entorno. En “Baile en el Moulin de la Galette” las dinámicas pinceladas de Renoir alcanzan máximo esplendor jugando con las sombras de la popular sala de fiestas, corta las figuras sin pudor, entreteje rostros alegres y consigue transmitir el movimiento mediante dos perspectivas distintas: frontal para los que bailan al fondo y alta para el grupo de la derecha. Los personajes son en su mayoría retratos de amigos del propio Renoir, muchos de ellos pintores, como Pedro Vidal, que junto a su amiga Margot nos miran fijamente desde el centro de la escena. La exposición, tiene otras 60 obras importantes, y marca el cambio de la actitud del artista cuando abandona el impresionismo, ya había pintado todo lo que tenía que pintar. El conjunto bascula pues entre los dos hitos de su trayectoria: el baile en el Moulin de la Galette y las tres bañistas.

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La retrospectiva dedicada a Renoir  en Madrid quiere  descubrir cómo el artista francés plasmaba en sus lienzos las distintas formas de la intimidad; está  dividida en seis secciones: Impresionismo: lo público y lo privado / retratos de encargo / placeres cotidianos / paisajes del norte y del sur / la familia y su entorno / bañistas,  que responden a los epígrafes que el comisario ha diferenciado para agrupar las 80 obras de diversos géneros, (escenas de grupos, retratos, desnudos, naturalezas muertas y paisajes) que incluye en su trayectoria artística, destacando las sensaciones táctiles en sus lienzos más allá de la concepción habitual de la pura visualidad. No les voy a descubrir nada que ustedes no sepan o puedan leer en la gran cantidad de artículos que se han escrito al respecto sobre el pintor, solo pretendo comentarles algunas impresiones que recibo al visitar la exposición y unas notas que se me ocurren en relación con ellas. Lo primero de todo es la alusión al título de esta entrada, del rosa al amarillo, que los lectores de más edad recordarán que fue la ópera prima del cineasta Manuel Summers, allá por los años 60/70 del pasado siglo, película que ahondaba en las aristas de dos relatos cotidianos, dos historias románticas tan sencillas como la vida misma: el rosa lo representan dos jovenzuelos enamorados y el amarillo, dos ancianos a quienes sus familias impiden relacionarse; pero la sensación de que les hablo no guarda parentesco con el contenido sino con los colores en sí mismos, la película está rodada en blanco y negro, color este último que no usaban los impresionistas cuyas paletas se vieron favorecidas con la gran variedad de colores que les proporcionó la industria del pigmento que también les facilitó la posibilidad de salir fuera del estudio a pintar, bueno pues les decía que a mí los cuadros de   las bañistas de Renoir sobre todo, me hacen pensar en esos colores, del rosa al amarillo, porque el pintor, cuando abandona el impresionismo, renuncia a los colores llamativos y trabaja con tonalidades más sutiles, de gran armonía, con una suave y cálida luz.

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Otra de las sensaciones que me produce el contemplar las bañistas del pintor, es el largo camino recorrido por el arte para la representación de lo prohibido, del cuerpo de la mujer desnuda; desde los antiguos que tenían que recurrir a las escenas mitológicas para tal representación a los modernos que tímidamente empiezan con la estratagema del orientalismo, las odaliscas y después las bañistas, hasta la ruptura total con la hipocresía visual que representa el cuadro de Manet desayuno en la hierba que fue motivo de gran escándalo y rechazo académico. En relación con los desnudos también quería remarcar que hay un paralelismo en los cuerpos macizos de las mujeres representadas, reminiscencia de Rubens, pero que lo encontramos también en Picasso y llega al paroxismo en Botero, y esto se me ocurre también que no sea una forma de disculparse por representar los prohibido, haciéndolo de una forma abultada para disimular la belleza de un cuerpo femenino esbelto.

Me gustaría destacar los dos cuadros de la exposición que más me han gustado, se trata de dos tríos galantes, no les hago ningún comentario más.

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El libro recomendado esta vez es muy valioso para mí, a veces nos dejamos llevar por los sueños y cada noche nos sumergimos en ellos para alimentar nuestra imaginación, a veces también esos sueños tardan en cumplirse por una u otra causa, se trata de New York, New York… de Javier Reverte, recién publicado; no sé cómo explicarles lo que es el sueño dentro del sueño, por eso les voy a incluir la nota introductoria del propio autor:

Para algunos de nosotros, si es que existe, la utopía americana tiene un nombre: Nueva York. Y mi anhelo particular consistía, no en conocerla, sino en vivirla. De modo que, no hace mucho, al recibir un cuantioso premio literario, decidí lanzarme a la más hermosa de las aventuras humanas: cumplir uno de tus sueños. Y fue ésa la razón por la que alquilé un espacioso estudio en el centro de Manhattan y me fui a vivir a la ciudad por un período exacto de tres meses, en tiempo de otoño, la estación que más me gusta del año. Y durante esa estancia en Nueva York, no hice otra cosa que pasearla y escribir. Creo que no se le puede pedir más a un premio literario. Y éste es el resultado de mi sueño cumplido.

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3 comentarios en “Del rosa al amarillo

  1. Pienso que a lo mejor ni Rubens, ni Picasso ni siquiera Botero representaban mujeres orondas para disculparse por representar lo prohibido y camuflar un cuerpo esbelto sino como decía Alfonso Paso en un artículo suyo que recuerdo y me hizo gracia, como mujer, en el corazón de todo hombre vive una gorda.
    Jajaja, afortunadamente para mí, no es mi caso.

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