El viaje

Siempre tengo dificultades para encontrar un título adecuado al post y en este caso me he decidido por uno muy común que además de ser corto tiene un doble sentido real y metafórico y sobre todo porque es muy oportuno. Se trata de un viaje al norte, un viaje familiar improvisado y repentino que presentaba algunos pequeños inconvenientes para adecuar posibilidades y horarios pero que al final se resolvió siguiendo el principio de la navaja de Ockham en el que la sencillez es la mejor virtud.

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A la tarde nos pusimos en camino para llegar a Vitoria ya anochecido, se produjo entonces un oxímoron, palabra bastante rebuscada que yo había leído alguna vez o ninguna, pero que mi amigo el filósofo epicúreo me enseñó que se trataba de una figura retórica que expresa un concepto nuevo partiendo de otros dos opuestos como el sabor agridulce o el hielo abrasador; pues bien allí sucedió que la tristeza de “los de Vitoria”  se tornó en alegría cuando se abrazaron con “los de Madrid” que habían llegado en tropel. Después vinieron las palabras, el relato de los acontecimientos, y se acabó con el vino y las puntas de solomillo en Xixilu, que además de ser una taberna acogedora, es el nombre de una antigua mesa vasca, según me contaron.  Todo alrededor de la calle Dato, antigua calle de la Estación, donde aparcamos, y, con cierta prevención, nos fuimos a dormir.

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El hotel Dato, en el centro de la calle que lleva su nombre, se presenta con una fachada de apenas 10 metros de ancha en sus cuatro alturas, encajada entre otros dos edificios de principios del siglo XX como la mayoría de los de la calle más conocida de Vitoria.

Nada más entrar nos encontramos sumergidos en un torrente de estilo  modernista, la estructura de la casa está totalmente integrada en la decoración, dejando ver viguetas de hierro forjado que combinan elegantemente con los azulejos esmaltados, espejos y elementos de cristal, el mármol y la madera,  el bronce, las filigranas, las vidrieras, las estatuas y el latón, todo allí es art decó, comprimido en una planta reducida,  como flotando en  otro tiempo, nos llevaba a la belle époque,  en fin, nuestras prevenciones se vieron difuminadas por tantas manifestaciones artísticas;  es un hotel pequeño desde luego, pero acogedor, muy limpio y a un precio que no han actualizado desde su inauguración.

Me recordaba un viaje a Bruselas que, como saben es la capital del art nouveau, en aquella ocasión puede escabullirme de una conferencia sobre las Instituciones Europeas y visité la casa taller del arquitecto Victor Horta, creador del citado art nouveau, que es un pequeño museo, se parecía mucho al hotel Dato, les dejo las fotos del hotel, tomadas apresuradamente, para que se hagan una idea.

A la mañana, el cementerio de Santa Isabel fue otro gran descubrimiento; dentro de la ciudad, en el barrio de Zaramaga y rodeado de edificios, se encuentra el antiguo camposanto de la ciudad en una parcela de pocas hectáreas que data de la época de la Guerra de la Independencia, aquí son dos siglos de historia los que nos contemplan, con su vegetación, sus granitos y basaltos, y las inscripciones que nos acompañan a uno y otro lado cuando pasamos entre los monumentos funerarios, también me vienen a la memoria otros lugares parecidos -será por la edad-, recuerdo que visité el cementerio de Montparnasse, el cementerio sur de París, famoso por descansar allí numerosos intelectuales y artistas, en concreto fui a visitar la tumba de Baudelaire, el de las flores del mal;  bueno pues aquí en Santa Isabel, las familias de los Saenz de Cortazar, los Arcaya, los Urdieta, los  Zulueta, los Ajuria o los Hidalgo-Abreu …….no tienen nada que envidiar en importancia y fama a los de París.

La foto del cortejo la hice por la espalda para remarcar la profundidad como en los cuadros de Gaspar David Friedrich en los que pinta en primer plano a un personaje de espaldas que trata de captar lo sublime del paisaje.  Silencio, oración y al final, palabras, recuerdos y nuevos abrazos, “los de Madrid” se van, “los de Vitoria” se quedan, agur.

velazquez-desaparecido.pngNo se crean ustedes que se van a quedar sin una recomendación de  lectura; en la zona del cementerio de Santa Isabel, que lógicamente estaba alejada de la ciudad en la época de la Guerra de la Independencia, tuvieron lugar importantes batallas, en concreto, la derrota final de los ejércitos de Napoleón fue en la batalla de Vitoria en la que los ejércitos franceses tuvieron más de diez mil bajas, y en ella se recuperó por el ejército del duque de Wellington, gran parte del botín que llevaban consigo las tropas del emperador francés, obras de arte sobre todo. En el año 1845, el librero inglés John Snare se topó con el retrato ennegrecido de un príncipe. Al sospechar que podía tratarse de un Velázquez perdido mucho tiempo atrás, compró el cuadro y se propuso averiguar su extraña historia. Cuando Laura Cumming tropezó a su vez con la historia de John Snare, emprendió su propia búsqueda, cuyo objeto incluía tanto la vida del librero como la vida y obra de Velázquez, un pintor tan maravilloso como escurridizo. Si les gusta el arte y la novela histórica no dejen de leer Velázquez desaparecido de la escritora inglesa Laura Cumming, que recoge esta enigmática historia y, además, constituye un magnífico acercamiento a la figura del pintor español que cambiará para siempre nuestra apreciación de su obra.

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4 comentarios en “El viaje

  1. ​Fantástico Javier.​

    El 4 de marzo de 2017, 17:06, el coronel no tiene quien le lea escribió:

    > javeloso posted: “Siempre tengo dificultades para encontrar un título > adecuado al post y en este caso me he decidido por uno muy común que además > de ser corto tiene un doble sentido real y metafórico y sobre todo porque > es muy oportuno. Se trata de un viaje al norte, un vi” >

  2. Muy interesante Vitoria nos sorprende. Yo disfruté más del art nouveau en Praga en donde el paseo era eterno de tanto como querías ver.

    Enviado desde mi iPad

  3. Gran post de tu viaje tras la exhibición golfistica de la mañana. Como mejor vuelas para mí, es cuando sueltas pluma y tu buena memoria, y las dejas aue dibujen una bella oscuridad luminosa sin más bridas que el remate de una recomendación de lectura. Tuve también la oportunidad de visitar en Bruselas el 25 de la rue Américaine y me encantó la casa de Horta, uno de los más representativos valores del art nouveau, si no el más.

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