CROQUETAS DE ARROZ

Hace unos pocos días, una amiga de face me preguntaba por sitios dónde sirvieran buenas croquetas, porque estaba confeccionando un mapa urbano de locales de tapas recomendados, le sugerí dos o tres sitios en Madrid y alguno de la sierra en los que he tomado algunas que me han dejado buen recuerdo, le dije que me gustaban sobre todo las de jamón y también las de en buena compañía, claro que ella me preguntaba por lugares y por eso no le hablé de las que hago yo de forma artesanal y apresurada a veces ante una eventualidad, las croquetas de arroz, les contaré la historia y la receta y con ello vuelvo a retomar la cocina con nombre de mujer que dejé aparcada hace unos cuantos meses, no lo sé muy bien, ni el porqué de este paréntesis, mejor no indagar.

mapa croquetas

mapa de las croquetas

Marta tiene la virtud de aparecer por sorpresa, inesperadamente. Cuando el timbre suena sabes que sólo existen tres opciones posibles: el portero, los testigos de Jehová o Marta. Porque hay días repletos de soberbia, días que traen mortales enemigos y otros que son los compinches de siempre, días hermanos que nos marcan la vida. Y cuando la esbelta silueta de Marta se dibuja en el alfeizar no te atreves a pronosticar como va a ser el día, pero tienes la certeza de que no será un día para olvidar, a pesar de tus temores. Tengo miedo de verte, necesidad de verte, esperanza de verte y desazones de verte. Marta llega para celebrar cualquier cosa contigo o para pedirte prestados cuatro metros de soga con los que ahorcarse. No puede ser un día cualquiera si la has encontrado a tu puerta. Tengo ganas de hallarte, preocupación de encontrarte, certidumbre de tenerte y dudas de compaginarte. Al margen de placer que significa compartir una noche con Marta, ella excita mi imaginación culinaria. No te da tiempo a preparar nada, aparece y, con aquello que siempre está en la cocina, he podido preparar algún plato sorprendente frente al cual oírla reír o llorar. El asombro es el efecto de la novedad sobre la ignorancia. Tengo urgencia de oírte, alegría de oírte, buena suerte de oírte y temores de oírte. Tal vez disfruto tanto de su compañía por lo mucho que nos parecemos. O sea, resumiendo, estoy jodido. Y radiante. Quizá más lo primero que lo segundo. Y también viceversa. O tal vez sea por nuestra coincidente pasión por Benedetti. Les invito a que hagamos, antes de continuar con la receta, una pequeña pausa en el poema de la mujer de los pies hermosos:

  La mujer que tiene los pies hermosos
nunca podrá ser fea,
mansa suele subirle la belleza
por tobillos, pantorrillas y muslos,
demorarse en el pubis
que siempre ha estado más allá de todo canon,
rodear el ombligo como a uno de esos timbres
que si se les presiona tocan para Elisa,
reivindicar los lúbricos pezones a la espera,
entreabrir los labios sin pronunciar saliva,
y dejarse querer por los ojos espejo,
la mujer que tiene los pies hermosos
sabe vagabundear por la tristeza.

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Estos son los ingredientes: 200 gr. de arroz, 2 huevos duros, 2 cucharadas de perejil picado, 4 cucharadas soperas de queso emmental suizo rallado, 1 huevo, pan rallado, sal, pimienta, aceite de oliva y mantequilla

Hervimos el arroz. Yo prefiero un arroz aromático de oriente, como el basmati, bien lavado para eliminar el almidón. La mejor manera de hervirlo es la conocida como Pilaf, que se asemeja en mucho a la manera tradicional española para preparar arroz blanco. Ponemos el arroz (200 gr.) en una olla en la cual hemos fundido una cucharada de mantequilla. Cuando el grano se ponga transparente añadimos 300 ml. de agua hirviendo salada. Tapamos la olla y dejamos cocer el arroz hasta que absorba toda el agua. Una vez hervido el arroz mezclamos con él el perejil, los huevos duros picados finos y el queso. La elección del emmental suizo es tan arbitraria como cualquier elección de un queso. Podéis experimentar con otros quesos, a mí lo que me atrae especialmente el emmental suizo es el saborcillo a avellana que me transporta a la infancia. Según el estado de ánimo de los comensales, se le puede añadir un poco de curry, con prudencia, en este caso Marta, como casi todos los zurdos, venía derrotando y no hizo falta. Con esta masa formamos las croquetas, con estas proporciones debemos obtener cuatro bastante grandes. Las pasamos por el huevo batido y el pan rallado y las freímos en aceite abundante. Las dejamos escurrir sobre un papel de cocina. He oído comentar ciertas incompatibilidades del vino y los huevos, parece ser que es algo relacionado con el azufre, pero Marta merece siempre algo especial. En la última ocasión fue un gran Coronas.

croquetas de arroz dos

Una ensalada de tomates  al estilo del tomate atómico que preparaba Tomasín en el Escorial, del que os hablaré en otra ocasión, o unos champiñones salteados que son más sencillos de hacer en primavera, pueden ser un buen acompañamiento. Pero cualquier guarnición puede combinar. Unos brotes de soja, un lecho de apio y zanahoria rallada. Si no os inspirar abrir el cajón de las verduras de la nevera se puede probar en la despensa: mazorcas de maíz con mantequillas aromatizadas, … te propongo construir un nuevo canal, sin esclusas (ni excusas), que comunique por fin tu mirada atlántica con mi natural pacífico.

 media vidaEsta cena tenía su perdón, hay un poema de Baudelaire que dice que la belleza humana es la condición que de cualquier infamia obtiene perdón y del perdón quería hablaros hoy pues acabo de leer una novela interesante, se trata de Media Vida de la escritora Care Santos,  que ha obtenido con ella, el premio Nadal 2017; se trata de una novela difícil en un principio, con guiños políticos tolerables y con una lección muy interesante, en mi opinión, sobre el perdón, si la quieren leer se la recomiendo, es una novela de mujeres y a pesar de que no es nada larga, no da puntada sin hilo. Se trata de un relato elocuente y vital sobre cómo nos afecta el paso del tiempo, el peso de la culpa y la importancia del perdón. En pleno verano del año 1950 cinco chicas adolescentes internas en un colegio de monjas juegan juntas por última vez al juego de las prendas. Dos de ellas, gemelas, se irán ese año del colegio pues están a punto de empezar una nueva vida, llena de interrogantes, lejos de allí. La ocasión es especial y lo saben, pero ninguna espera que esa noche se convierta en un punto de inflexión para alguien más y que, sin siquiera imaginarlo, acabe marcando su camino para siempre. A través de las vidas de cinco amigas a lo largo de treinta años, la escritora retrata a una generación de mujeres que tuvieron que construir sus destinos en un momento en que la hipocresía de aquellos que querían mantener las formas a cualquier precio se enfrentó a nuevas miradas sobre la amistad, el amor y la libertad.

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