La mujer del general

El 23 de octubre de 1942, cuando la ilusión egipcia del mariscal Rommel estaba a punto de desmoronarse definitivamente con ocasión de la ofensiva británica en El Alamein, el extremo sur del despliegue del Eje, había sido confiado, a las tropas italianas. En concreto, al X Cuerpo de Ejército, compuesto a la sazón por dos divisiones con gran solera en el frente desértico: la 27.ª División de Infantería, “Brescia”, al norte, y la 17.ª División de Infantería “Pavía”, al sur. En el centro se desplegaba una recién llegada, la 185.ª División, de Paracaidistas, “Folgore”, enviada a África tras suspenderse el asalto a Malta. Pero no adelantemos acontecimientos, ya llegaremos a los paracaidistas, volvamos al título de la entrada.

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paracaidistas italianos de la 185 División Folgore en Libia, IIGM 1942

Muchos de los lectores que se detengan en estas líneas, sobre todo los de más edad, recordarán las clases de historia sagrada que tuvimos en el colegio durante varios años de la etapa escolar; no estoy seguro de cómo se distribuían los contenidos de esta asignatura entre los diferentes cursos, pero me parece que cuando nos tocaba el episodio de Putifar debíamos estar en el principio de la adolescencia porque el nombre nos resultaba muy  llamativo y eso unido al comportamiento de su mujer provocaba sonrisas y miradas cómplices entre los alumnos de la clase, a la vez que la desaprobación del profesor.

José y la mujer de Putifar

José y la mujer de Putifar    –    Jacopo Tintoretto        Museo del Prado

Putifar, era un general jefe de la guardia del faraón, y la mujer, de nombre Zelicah -aunque el Génesis no lo menciona- al parecer según lo que se contaba, se encaprichó del pobre José que era un copero o camarero de la corte, pero se resistía a los encantos de la dama. Hoy seguro que la historia se escribiría de otra forma y el pobre José o bien sería un refugiado al que había que proteger y remunerar a toda costa o bien sería un acosador que tuvo la osadía de mirar a la mujer del prócer o bien sería un representante del orgullo que no gustaba de mujeres, todo ello según la facción dominante, el momento y la oportunidad política del que redactara la reseña.

También es posible que se acuerden del episodio de Judith y Holofernes, Judith, una bella viuda judía de la que está prendado Holofernes, el general asirio que está a punto de destruir la ciudad de Betulia, entra con él en su tienda y, aprovechándose de que ha quedado inconsciente por haber bebido en exceso, le decapita con su propia espada y huye llevándose la cabeza en una cesta, bolsa o alforja. O sea, que entra voluntariamente en la tienda del general, hoy en día lo tendría difícil de justificar si tuviera que defender su virtud ante ciertos tribunales garantistas.

Judit y Holofernes

Judit y Holofernes  –  Jacopo Tintoretto   Museo del Prado

Ya conocen los que hayan visitado el Museo del Prado de Madrid, que José y la mujer de Putifar es una de las obras maestras del pintor Jacopo Tintoretto, que forma parte de un conjunto integrado por seis pinturas apaisadas con un mismo esquema cromático y un ritmo de formas curvas que enlaza un cuadro con otro, obras adquiridas en Italia por Velázquez para Felipe IV y que estaban destinadas a un ambiente profano. Los temas bíblicos, tan repetidos en la pintura antigua, han perdido su carga dramática, apenas son un pretexto ya para mostrar trajes exóticos, ceremonial cortesano y carnes desnudas, sobre todo las del bello modelado de la mujer de Putifar y   el del general decapitado en Judith y Holofernes que es otra de las seis pinturas de Tintoretto. En ambas subyace el tema de fondo, Putifar general egipcio, Holofernes general asirio, cargados de gloria y ebrios de vino, … pero las mujeres les traicionan. Claro que Putifar salió mejor librado, conservó su cabeza, eso sí, con algunos adornos.

Y del barroco de Tintoretto nos vamos hasta el neoclasicismo de Canova y Goya.

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Joséphine – François Gérard

Josefina (Marie Josèphe Rose Tascher de la Pagerie), ​ vizcondesa de Beauharnais, fue la primera esposa del general Napoleón Bonaparte y, por tanto, emperatriz de Francia, abuela de Napoleón III y bisabuela de los más recientes reyes y reinas suecos y daneses; otras familias reales  como las de Bélgica, Noruega y Luxemburgo también descienden de Josefina. Pero Josefina en realidad se llamaba Rosa, de nacimiento criolla, y se casa con Napoleón dos años después de que su primer marido, el barón, muera en la guillotina.

La conducta disipada de Josefina, así como su indiferencia hacia su esposo, hicieron que Napoleón la amenazara con el divorcio; al no dar descendencia al emperador, este la repudia y ella se retira a la Malmaison y allí no se priva, la castidad es dura y a veces aparecen personas que a uno le mueven el piso,  una vida apasionante; en Francia las pasiones se toleran y se perdonan, y una de sus pasiones fue la belleza, como diría años más tarde Baudelaire, la belleza humana es la condición que de toda infamia obtiene perdón.

reb_canova2Y bella, muy bella es sin duda la escultura de Las tres gracias que Josefina le encarga a Canova y se conserva en el Museo del Ermitage de San Petersburgo, donde se puede admirar como máxima expresión del neoclasicismo; el grupo escultórico estaba basado en las Metamorfosis de Ovidio y representaba a las hijas de Zeus: Eufrósine, Aglaya y Thalía quienes representaban la alegría, la hermosura y el encanto femenino. En realidad, la esposa del emperador nunca llegaría a ver terminada su obra ya que la muerte le sobrevino de manera repentina. Afición por las mujeres, por los hombres, por el desnudo, por el arte, vete tú a saber, lo que está en las crónicas y mentideros de la época es que el general no la satisfacía plenamente, y el buscaba otros ayuntamientos, nada que objetar en el país que inventó el ménage a trois.

Josefa Petra Francisca de Paula de Tudó y Catalán, Alemany y Luesia, gaditana, más conocida como Pepita Tudó o Josefina Tudó fue célebre por su prolongada convivencia con el general y político español Manuel Godoy, así como por el hecho de haber servido muy probablemente de modelo a Francisco de Goya para la realización de sus dos famosos cuadros:  La maja desnuda y La maja vestida, aunque esta hipótesis está en entredicho, a pesar de está documentado que Goya pintó las Venus para el  Príncipe de La Paz.

La maja vestida

La maja vestida – Francisco de Goya

La maja desnuda

La maja desnuda – Francisco de Goya

Pepita Tudó fue Princesa de Bassano, Condesa de Castillo Fiel y Vizcondesa de Rocafuerte, por nombramiento de Carlos IV. Parece ser que al final se casó con Manuel cuando éste enviudó de Maria Teresa de Borbón, condesa de Chinchón.

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La condesa de Chinchón – Francisco de Goya

Después de unos años de destierro europeo regresa a Madrid y muere, ya viejecita, en la calle Fuencarral, vamos como en una canción de Sabina. Pepita Tudó, llegó a ser la mujer de Godoy o una de las mujeres de Godoy, el general que ascendió meteóricamente desde guardia de corps, gracias a las dotes que Dios le otorgó en el reparto general, lo que le permitió dar a diestro y siniestro, dicen que en la escala de la aristocracia llegó hasta las más altas magistraturas, y eso no lo enseñan en la academia militar. Un inciso aquí para recomendarles Los sucesos de el Escorial del historiador Calvo Poyato, que arroja mucha luz sobre la vida del entorchado guardia de corps.

Napoleón soñaba con Godoy como Woody Allen sueña con Humphrey Bogart. La belleza perece en la vida, pero es inmortal en el arte.

sueños de seductor

sueños de seductor

María Estela Martínez de Perón conocida popularmente como Isabelita o Isabel Perón, es una política argentina. Fue elegida vicepresidente y asumió la presidencia ante la muerte del presidente Juan Domingo Perón, en el año 1974. Fue depuesta en 1976 por un golpe de Estado cívico-militar. Su mandato correspondió al ciclo histórico que ha dado en llamarse tercer peronismo. Fue la primera mujer en América en ser jefe de Estado con el título de presidente del país. Conoció al general Perón exiliado en Panamá, era  su secretaria y partió con él a España, en donde vivieron y se casaron en 1961. Años más tarde, después de la aventura presidencial y su posterior destitución, regresa a España, donde fija su residencia alejada de la política, de las intrigas y de la justicia argentina que solicitó su extradición en varias ocasiones.

isabel perón

Ahora en realidad es cuando empieza la anécdota que ha dado pie a esta entrada; hace un porrón de años, más de treinta, en los últimos días de agosto con los mismos calores que tenemos hoy, regresábamos de un campeonato de paracaidismo en Italia, se había celebrado en Pisa donde se encuentra la escuela de adiestramiento de la Brigada Paracaidista Italiana, la famosa Brigada Folgore que les mencionaba al principio. En el avión de Iberia que volaba medio vacío, fuimos invitados los seis componentes del equipo a pasar a clase preferente gracias a algún miembro de la tripulación que conocíamos. La primera clase sólo estaba ocupada en los dos primeros asientos por una elegante dama y una graciosa joven. El ambiente era festivo, o lo hicimos festivo nosotros, después de una semana de buenos saltos, mucha pizza y pocas roscas, volvíamos a casa bastante alegres y el buen vino del menú de la cena en el avión hizo el resto. Al final la elegante dama no tuvo más remedio que sonreír y mirar hacia atrás. No me detendré en más detalles, al llegar al aeropuerto y despedirnos de la mujer del general Perón y de su secretaria, veo que ellas tienen algún problema y me ofrezco a ayudarlas; les había fallado el coche que tendría que venir a recogerlas y como el resto del equipo ya había partido en el autobús hacia Alcalá, yo, que tenía mi coche allí, las llevé a Madrid (ahora que lo pienso no sé como no cogieron un taxi, en aquella época no había huelgas ni Uber ni pamplinas); dejé a la gran dama primero en la calle Moreto, ya saben entre el Retiro y el Paseo del Prado, donde todo huele a museo, a pintura…..a la secretaria la llevé hasta la avenida de la Reina Victoria, y este es el fin de la historia, me despedía de los saltos, la semana siguiente empezaba el curso de Estado Mayor, dos años por delante difíciles en la vida de un oficial.

Hoy los generales son diferentes sobre todo porque los malditos smartphones, no les van a dejar desarrollar sus capacidades y dotes personales por las que fueron elegidos para la más alta función militar; los políticos inseguros no se fían de los militares, aunque los adulan con frecuencia; ¿se imaginan ustedes a un ministro del ramo, de infausto recuerdo, dirigiendo la acción desde Madrid, teléfono en mano, de una compañía de soldados que recogían el chapapote en la costa gallega? Pues eso y mucho más, a algunos les gustaría poder dar la orden para cada bala que sale de un fusil. Claro que hoy las mujeres de los generales son otra cosa, no seducen, no matan, no sustituyen, no son conocidas,  se dedican a sus hijos,  a estudiar, a trabajar, se interesan por la cultura y los museos,  hablan idiomas y algunas juegan al padel; hace poco leía un libro muy entretenido, Operación Picasso, del que hablaremos en otra ocasión,  en el que se mencionaba a una señora progresista en Cuenca de los primeros años del siglo XX y se decía de ella que  era una señora magnífica que lee todos los días el periódico, ama el teatro y hasta sabe nadar.

La mujer del general ha muerto, porque ha muerto la mujer de ….

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La mujer que les traigo ahora en forma de novela no es la mujer de ningún general, es La Mujer de Ninguno, de Sergio Ferrara, publicada este año por Espasa y que merece un comentario especial. Una novela sobre la muerte de uno de los consejeros de un banco envuelto en el escándalo de las tarjetas black. Es una intriga, un thriller adictivo con una trama trepidante que nos mantiene constantemente en vilo. Pero también una sátira sobre la corrupción financiera y la amoralidad de los poderosos, un juego de engaños y espejismos y una radiografía despiadada del amor conyugal. Y es, sobre todo, el retrato de una mujer indescifrable y cautivadora, la mujer de ninguno, que reinterpreta brillantemente el personaje arquetípico de la femme fatale.

El título predispone a favor a las mujeres que se quieren liberar de las cadenas de la mujer de…., pero la trama de las tarjetas black produce el rechazo por el hastío con que se ha tratado el tema machaconamente, sin embargo, en cuanto se empieza a leer ambos estímulos positivo uno y negativo el otro, desaparecen como por encanto, te encuentras con algo diferente, la gloria y el fracaso, la humildad y la altivez, el amor y el odio, el deseo y el hastío, el glamour y la mugre. Se trata de una pareja que parece que tiene cuanto desea, amor, dinero y felicidad; hasta que un día se descubre el pastel y todo se desmorona, pero el matrimonio que llega a estar ya al borde del fracaso, decide unirse para evadir a la justicia. Empieza una vorágine de acontecimientos en la que el lector quedará atrapado sin remedio, una multitud de peligros que vivirán juntos y por separado para evitar a sus perseguidores. Elaboran un plan a largo plazo, pero, no les puedo contar más sin destripar la novela. El amor también juega una importante baza, llegándonos a preguntar y cuestionar muchas cosas a lo largo de ella. Una novela que define y describe como el éxito, el poder y el dinero llegan a corromper a las personas y que nadie sale impune de ello. Un thriller tan adictivo, que engancha desde la primera página y que sorprende por estos giros tan inesperados que le mantendrán pegado a sus páginas por la curiosidad de ver cómo termina todo. Y UN FINAL TOTALMENTE INESPERADO.

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7 comentarios en “La mujer del general

  1. Javier no conocía tu “aventura” con Isabel Perón. Magnifica actitud de caballero. La Folgore la conocí en una maniobra hispano-francesa- italiana en la costa mediterránea de Francia. Es una lástima que la fiesta de la Folgore sea para rememorar la batalla del Alamein, una derrota, pero en la que se batieron muy bien.

  2. Magnifico Javier. Estas mujeres no necesitaron Ministerio de Igualdad ni Congresos Feministas para que la Historia, la verdadera Memoria Historica, las coloque en el evento relevante que les toco vivir. Enhorabuena.

    • Cómo no te voy a querer, con las cosas tan bonitas que me dices.
      Tengo que esmerarme mucho para escribir un post que se va a llamar “María matrícula de Bilbao”, sólo se me ha ocurrido el título, nunca te he visto, todo va a ser fruto de la imaginación, pero alguna historia surgirá.

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