Ausfahrt

OTRA MÁS AUSFAHRT - copia

En realidad, es una anécdota muy sencilla que nos hacía gracia a los que la vivimos, pero a lo mejor ustedes no se la encuentran. Se trata de un viaje de los años felices en los que los saltos en paracaídas nos agitaban la adrenalina y los huesos no nos dolían a pesar de los porrazos que nos pegábamos cuando aterrizábamos. El equipo militar de paracaidismo deportivo lo componíamos unos privilegiados con un contrato de temporada, la de verano, en la que nos juntábamos para asistir a las competiciones que se celebraban en los países de nuestro entorno, países amigos y aliados como se decía entonces. Uno de esos veranos que acudíamos a dos competiciones en Alemania con un intervalo de dos días entre ambas, el alto mando decidió que nos fuéramos en autobús, en autobús militar claro, un viejo cacharro que no pasaba de ochenta, con los asientos de plástico y sin aire acondicionado, con el que recorrimos más de cinco mil kilómetros. Bueno pues la anécdota que inspira el nombre de este post, sucedió cuando ya llevábamos unas cuantas horas  por las autopistas alemanas y uno de los componentes del equipo que era tan ingenuo como lenguaraz, preguntó: “Mi capitán, Ausfahrt debe ser una ciudad muy importante, porque ya he visto un montón de carteles indicadores en la autopista que lo señalan”…… se pueden imaginar la carcajada general, porque el individuo en cuestión, que es de los que “tienen pocos colores en su paleta” -dicho en términos pictóricos-, nos tenía acostumbrados a ese tipo de preguntas; podría llenar un libro con las chanzas a su costa, las bromas que le gastaban unos y otros y su siempre buen humor, nunca se enfadó con sus compañeros. El autobús nos permitió sin embargo hacer un poco de turismo, poco desde luego, pero ese año estuvimos un día entero en Múnich del que me queda el recuerdo apretado de cuatro lugares: La plaza de María con su ayuntamiento neogótico y su famoso carillón,

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Marienplatz, Munich

La cervecería de Hofbrauhaus, donde se reunía Hitler,

Cerveceria-Hofbrauhaus

Cerveceria-Hofbrauhaus

El jardín inglés que constituye el pulmón verde de la ciudad y donde un grupo numeroso y muy colorido de punkis se reunía y a los turistas que les fotografiaban les “pedían” por las buenas o por las malas un canon no menor de 5 DM,

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y por último El Kunstareal  donde se encontraban los principales museos de pintura.

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Alte Pinakothek – Pinakothek_der_Moderne

Pensarán ustedes, como siempre, que todo esto que les he contado a cuento de qué viene, y tienen razón, pero al llegar a ciertas edades las ideas se cruzan con los recuerdos y luego pasa lo que pasa. A mi se me han juntado varias cosas, me llegó una foto antigua que me mandaba un buen amigo paraca de uno de esos viajes y en ella me encontré con el de “la paleta con pocos colores”; mi hija pequeña me contaba el otro día, con detalle, su reciente viaje a Berlín en el último puente; además últimamente me he encontrado varias veces  con una amiga que es profesora de alemán y que aparece con frecuencia en sus fotos de Instagram con una cerveza en la mano, y para rematar la faena estuve el fin de semana pasado viendo la exposición de Max Beckmann en el Museo Thyssen de Madrid.

bad tolz

Todas estas cosas me llevaron a pensar en Alemania,  me trajeron los recuerdos de aquellos veranos en Bad Tölz, un pequeño pueblo en tierras bávaras que en su día fue la sede de un escuela de cadetes de las SS y después de la IIGM ha albergado durante muchos años a un Batallón de las Fuerzas Especiales USA, y en esa base americana se celebraba todos los años un campeonato de paracaidismo militar de saltos de precisión que reunía a más de 50 equipos y por las tardes al caer el sol se convertía en una fiesta de puertas abiertas a la que acudía todo el pueblo y se bebía cerveza, toda la cerveza del mundo….. y muchas cosas más que no les voy a contar ahora para no aburrirles.

El Museo Thyssen-Bornemisza dedica la exposición: Beckmann. Figuras del exilio al artista alemán que tuvo que huir de su país por la presión del gobierno nazi. Su obra, trágica y sensual al mismo tiempo, que habla sobre el exilio y el dolor que este conlleva, permite penetrar en el clima y la esencia de su momento histórico; la señal de “salida” de la autopista que ilustra el principio de esta entrada me hacía pensar en las veces que tuvo el pintor que “salir” de su casa, primero se traslada a Berlín en un “exilio interior” y más tarde cuando los nazis, en Múnich precisamente en el año 1937, vieron en su obra un “arte degenerado” y se prohibió la exhibición pública, el pintor decidió no contradecirlos y marcharse discretamente de Alemania en un “exilio voluntario”, primero a  Ámsterdam donde malvivió unos años y al final a los Estados Unidos, donde muere a mitad del siglo pasado.

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Aunque en un principio su academicismo le reportó reconocimiento en la pintura, su participación en la IGM como enfermero le cambió su mentalidad artística e hizo su estilo mucho más oscuro y dramático; Cézanne fue su referente, la perspectiva se le deforma, introduce temáticas de gran violencia y crueldad y sus personajes son ahora figuras pálidas y repulsivas que se retuercen y distorsionan en espacios comprimidos, reflejo sin duda de la vida en las trincheras; estos rasgos son evidentemente expresionistas, pero Beckmann se adelanta a la nueva objetividad, movimiento que lo venerará como un precursor. Después de todo, su arte es crudo, provocativo y muy satírico, arte salvajemente áspero, sus figuras son verdaderas caricaturas, que probablemente cuentan más que la realidad.

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La vida es un juego perdido de antemano, decía el pintor al acabar la guerra, y es que Beckmann es el gran pintor de la historia del siglo XX y sus obras son el testimonio de los sucesos que van desde la primera a la segunda guerra mundial. El exilio, por supuesto, marca un estilo que empieza a estar atravesado por metáforas y alegorías sobre la pérdida de la identidad.

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Nos dice el comisario que esta exposición podía resumirse en Cómo pintar la pérdida de la identidad. Los trípticos, en Berlín, como manifestación de su exilio interior para enlazar con el pasado gótico y renacentista de la pintura alemana, las máscaras o autorretratos cabezones que son el exponente de esa pérdida de identidad que provoca el exilio, la gran metrópoli -Babilonia eléctrica- que contribuye igualmente a esa disolución de la identidad aludida, el largo adiós camino de la muerte -el exilio sin retorno- y el mar que representa el viaje, constituyen las metáforas que ha ideado el comisario de la muestra para darle su sentido.

Veinte años han pasado desde la última exposición sobre Beckmann que tuvo lugar en Madrid en la fundación Juan March, ésta, Las Figuras del exilio estará abierta hasta finales de enero en el museo Thyssen, vayan a verla, no esperen otros veinte años. Max Beckmann, es quizá un pintor poco conocido para el gran público, su vida y su obra tienen gran interés, en mi opinión, sólo por volver a ver el retrato de su segunda mujer, Quappi con suéter rosa, merece la pena ir.

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Claro que tanto hablar de la Alemania de la última guerra y de los nazis, no podía menos que traernos a la novela que les voy a recomendar hoy, se trata de El orden del día, de Eric Vuillard, publicada por Tusquets en este año, y que obtuvo el premio Gongourt 2016. Esta pequeña obra de poco más de  100 páginas puede leerse como una novela histórica, pero también como una obra de política ficción que esboza un posible y terrorífico porvenir. Los grandes empresarios que financiaron el ascenso de Hitler al poder conservaron sus privilegios tras la guerra. Algunos participaron incluso en la creación de la Unión Europea y garantizaron el porvenir de sus empresas mediante acuerdos opacos con el poder político. Muchos han financiado a partidos políticos democráticos. Podemos aventurar que no se conforman con controlar el presente. También desean apropiarse del futuro. Merece la pena leerla, no les ocupará mucho tiempo y seguro que les hará dudar.

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