Mujeres vestidas

Con esta bajada de la temperatura y la lluvia de hoy en Madrid parece que el verano está cerrando su ciclo y el otoño está ya ahí, pidiendo limosna en la puerta; siempre repetimos el mismo soniquete de que las estaciones se nos presentan con una mayor ración para la vista de la superficie del cuerpo de la mujer o con el aumento del esfuerzo de la imaginación para adivinar el tesoro que ocultan, respectivamente año tras año. Ya sé que esto es poco original, como el título de la entrada en el que hago alusión por oposición a la novela de los hombres desnudos, premio planeta del año pasado y de la que les hablé hace algún tiempo, pero lo he elegido para poder mezclar varias ideas que me rondan estos días por la cabeza: el desnudo femenino, la verdad, la mentira, el psicoanálisis, la pintura, las exposiciones temporales que nos esperan este otoño y la moda en el arte. El otoño abrocha los escotes y la insinuación es la mayor de las mentiras desde los tiempos del paraíso terrenal, como nos explica el Bosco en la mayoría de sus cuadros, si en el Edén no había mentira y tampoco había pudor, podemos preguntarnos: ¿cómo se relacionan entonces ambos conceptos?

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La primera imagen que les traigo es el taller del pintor de Gustave Courbet  Sigue leyendo

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Cicatriz en la mirada

el silencio en la posmodernidadSi hay un producto que gana al sexo como el más vendido de la historia es el conjunto completo de sucedáneos, la infinita variedad de lenitivos de la verdad que compramos en todas sus formas. Lo saben los políticos, los sacerdotes, los curanderos, los dueños de los casinos y los publicistas. Los humanos queremos vivir en la mentira, refugiarnos entre sus cálidas paredes edificadas sobre arena, y somos capaces de matar para evitar que nos saquen de la protección que nos ofrecen. Pagamos por la esperanza de obtener libertad, vida eterna, remedio contra el cáncer, tres cerezas en la máquina tragaperras y abdominales perfectos —¡sin esfuerzo, con solo cinco minutos al día! —. Cuando caen las lluvias, se precipitan los torrentes y soplan los vientos que derrumban la mentira, entonces… nos buscamos otra. Reflexionar sobre tu pareja en la soledad de madrugada tras un día emocionalmente extenuante es parecido a echar pedazos de carne ensangrentada en un agua infestada de pirañas. Los pequeños gestos y los detalles minúsculos que desechas en el día a día se colocan bajo el microscopio y se engrandecen. Una mirada de fastidio se vuelve de desprecio, un comentario amable se interpreta manipulador, una buena intención se transforma en cálculo, el piropo se torna en adulación. Lo ordinario se vuelve obstáculo, como un cajón que sobresale y no hay manera de volver a colocarlo de nuevo. Lástima que el mal se haga todo junto y el bien se administre de a poco.  Sigue leyendo