El canto del cisne

Como todos ustedes saben los cisnes no cantan, antes bien sus graznidos son bastante estridentes, pero la leyenda dice que, cuando está llegando a su final, el animal emite unos sonidos armoniosos similares a un canto y de esta fuente han bebido diferentes artistas como inspiración para sus obras que, desde Virgilio, encontramos en la música, el ballet, el teatro, la literatura, la pintura, el cine e incluso la televisión.

Ha pasado casi un mes sin escribir una sola entrada en el blog y a manera de disculpa les diré que he pasado por una parada técnica, como la de los reactores nucleares, para la limpieza de la máquina de escribir y la de pensar, o sea que he instalado el nuevo Windows 10 y la suite Office 2016 con más incidentes de los que uno quisiera; lo más grave es que he perdido casi toda la correspondencia que guardaba celosamente desde hacía varios años.

Tenía olvidado desde la primavera hacer un comentario sobre una exposición que se presentó en la fundación Mapfre, en su sede del paseo de Recoletos: El canto del cisne. Pinturas académicas del salón de París. Proveniente de las colecciones del Musée d’Orsay, la muestra nos recuerda como a lo largo del siglo XIX, el Salón de París exponía de manera preferente las pinturas académicas, realizadas según los grandes géneros de la pintura tradicional: la historia, la mitología, la religión o el retrato. Todos ellos respondían a la norma del buen gusto artístico, dictado por la Academia de Bellas Artes de París, que sentaba sus bases en el estudio del desnudo, la corrección estilística, el dominio del dibujo sobre el color y el equilibro de las composiciones.

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Los artistas académicos han sido vistos tradicionalmente como contrapeso del arte realista e impresionista, aquel que acabaría desembocando directamente en las vanguardias del siglo XX. Sigue leyendo

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