La cocina es un nombre de mujer

Por favor continúe leyendo y no se soliviante antes de tiempo;  como un buen número  de mis lectores preferidos sois mujeres y algunas de vosotras militáis en la radicalidad propia de vuestra bonita edad, tengo que ir con pasos de plomo en cada frase que escribo para evitar malentendidos, murmullos y aviesos comentarios en voz baja. No, no se trata de una frase machista, es la expresión de un sentimiento profundo, de una realidad interna,   vayan ustedes a saber porqué, porque he amado a muchas mujeres o porque las he amado mucho, porque las muescas en la culata de nácar se han transformado en cicatrices en el alma de piedra, o,… porque ha pasado mucho tiempo, demasiado tiempo tal vez. Vayan ustedes a saber porqué, pero a menudo un paisaje, una ciudad, un aroma o una música se visten en mi pensamiento con nombre de mujer. Creo recordar una vieja película donde  Woody Allen, se preguntaba aquello de: ¿un recuerdo es algo que tienes o algo que has perdido?  Lejos de encontrar una respuesta he encontrado un elemento que más que evocar me transporta, que más que a recordar me ayuda a retroceder en el tiempo, la cocina. Los platos compartidos, platos con nombre o al menos con alma de mujer. Sigue leyendo

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